El cumple de mi primo

Tengo un primo un año más chico que yo, que se llama Alejo. Un tiempo atrás había estado con mi amiga Agustina, y se había transformado en una gran obsesión para él. No pensaba en otra cosa que no sea volver a coger con ella.

Yo en cambio, no había estado con ninguno de sus amigos. Los chicos que tenían mi edad me parecían re pendejos y pajeros. Particularmente sus amigos, cuando me veían le gritaban cosas a mi primo como el típico "entrega a tu prima" y le pedían a él que nos presenten... boludeces. Pero bueno, todo puede cambiar y un día llegó un nuevo cumpleaños de él. Fui a su casa.

Después de saludarlo, lo primero que hizo fue preguntarme si venía Agus. Si se tomaba un yogurt se moría de coma lácteo. Había ido con mi hermano, que se quedó un rato y se fue. Me quedé sola, charlando un rato con mi tía en otra parte de la casa.

Volví a la fiesta, y me puse a charlar con mi primo y un amigo que estaban juntos. Estuvimos un rato conversando, hasta que a mi primo lo llamaron de otro grupito un poco alejado. Yo me quedé con este pibito, que con sus ojitos claritos me empezaba a clavar la mirada y lejos de molestarme, me empezó a interesar.

Pero antes de encarar, quería hacerlo desear un poco (de calienta pija que era nomás). Empecé a acercarme poniendo mi boca en su oído, bien cerca. Mis manos buscaban el roce constantemente. Le tiré un piquito como distraída. Se avivó y quiso responder con un chuponazo y hasta ahí llegó mi muestra de cariño.

Lo paré y le dije que se ubicara. Pobre, no entendía nada. Le pedí que esperara. Lo busqué a mi primo y lo soborné. Querés volver a cogerte a Agus? Dejame ir a tu habitación. Los ojitos de mi primo se iluminaron y no dudó un segundo en habilitarnos el lugar.

Disimuladamente le dije al pendejo cómo era la jugada. Me levanté y me fui para la habitación de mi primo a esperarlo. Al rato, entró él. Apenas cerró la puerta, lo agarré de la remera pegándolo a mi cuerpo. Mientras nos comíamos la boca nos fuimos arrastrando hasta la cama y nos tiramos sin soltarnos ni un segundo.

Lo acosté boca arriba y le bajé los pantalones. Estaba empaladísimo. Agarré su pija y empecé a chuparla. No fue difícil tragarmela toda, no la tenía muy grande y con los consejos de Agus, estaba empezando a poder tragar más que antes.

El flaco estaba nervioso. Yo seguía mi trabajo, chupando con ganas. No tardó mucho en ensuciarme toda. Largó una cantidad de leche terrible. Saltó para todos lados. Lo único que repetía era "no lo puedo creer. Impresionante". La cara de asombro del pibito indicaba que aún no entendía como había llegado a esa situación.

Lo miré como diciendo "preparate porque esto recién empieza". Me tiré encima y lo empecé a besar de nuevo. El flaco quería ir al baño a limpiarse, le dije "vos de acá no te movés". Lo seguí besando, con mi mano recorría sus piernas pasaba por sus bolas y subía por su tronco, que todavía no había perdido la erección. Me saqué la remera, dejé que tocara mis tetas y las chupara, mientras me sacaba el jean.

Me paré de espaldas frente a él y me lo bajé despacio mostrándole mi cola, como si estuviese haciendo un striptease. Me subí arriba suyo de nuevo, ya desnudos los dos, y lo seguí besando. Agarré su mano y la llevé a mi concha toda mojada. "Ves lo que hiciste", le dije. "Hacete cargo", le dije, me acosté y le pedí que me la chupara.

Agarré su cabeza y lo iba moviendo para donde yo quería. Yo tenía el control total de sus movimientos. Bajé mi mano y me metí un dedo, mientras lo obligaba a seguir chupándomela. Sentía como el pibito estaba desesperado y nervioso por la situación.

Sin soltarle los pelos, lo levanté de mi entrepierna, y lo subí para comerle la boca. Tenía un gusto a concha que me excitaba un montón. Sin perder tiempo, me la puso y se empezó a mover. Trataba de moverse despacio, cerraba sus ojos como concentrándose en lo que hacía. Tenía la impresión como que iba a acabar rápido de nuevo, pero no. Reguló bien esta vez.

Se empezó a mover más fuerte y ahí me desaté. Lo di vuelta, y me subí arriba. Agarré sus manos las puse atrás de su cabeza y levantando mis caderas empezaba a subir y bajar por toda su pija. A veces me movía tan rápido que se salía. 

El pendejo tenía una cara de miedo terrible. Pensaba que lo iba a matar o a romper. Hacía fuerzas para no acabar, y la verdad que al ritmo que iba en cualquier momento eyaculaba. 

El se quedaba quieto, mientras yo me movía para adelante y para atrás. Mi calentura era cada vez más grande. Su respiración se empezó a acelerar. No iba a aguantar mucho más. Estaba por acabar. Yo seguí moviéndome hasta que pegó un grito. Solo atiné a decir "todavía no!!". Tarde. Igual, poco me importó que haya acabado. Me seguí moviendo aprovechando que su pija estaba aún dura. Me lo seguí cogiendo un rato, hasta que él pidió que me corriera de encima suyo.

Su pija se durmió, lo besé y le dije "hoy de acá no te vas hasta que yo no acabe". Mi concha chorreaba y latía de la calentura, no podía irme así. Me tiré en la cama, y me empecé a tocar, me masturbaba muy despacio, con una mano en mi clítoris y otra en mis tetas.

El nene miraba atónito lo que yo hacía. "Ayudameee, daaaaaaaale no seas malooo" le dije. Ahí reaccionó. Se puso entre mis piernas y empezó a chuparme la concha mientras metía 2 dedos. Lo agarré fuerte de la cabeza y lo aplasté contra mi clítoris, sin dejarlo mover. "Aaaaayyy siiii", grité. Tuve que tapar mi boca para que no se escuchara el grito por el orgasmo que había tenido.

Lejos de calmarme, me puso más caliente. Lo tiré en la cama y empecé a chuparle la pija. Se le paró enseguida y me senté arriba de nuevo. Con un desenfreno terrible me movía para todos lados: arriba, abajo, al costado, en círculos. Su pija era mi juguete. Saltaba y gemía como loca, buscando acabar de nuevo. Y el que busca...

Me paré de golpe. Abrí mi boca como para largar un terrible grito pero no salió nada. Me moví un par de veces más, recuperé aire y salí. El nene estaba asustadísimo. Debía pensar que me estaba por morir. Le agarré la pija y se la chupé hasta que lo hice acabar por tercera vez. De premio, lo dejé que acabara en mi boca. No quería ensuciar mucho la habitación de mi primo, además el flaco se lo merecía.

Volvimos a la fiesta. Estuve un rato más y me fui. Lo saludé a mi primo y le dije "no te preocupes, mañana arreglo lo tuyo". A los 2 días, mi primo recibía en su celular un mensaje de Agustina.

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Este relato es parte de una saga: 
- Me recibí de maestra de un nene (primera parte
- El cumple de mi primo - este relato -
Me recibí de maestra de un nene (segunda parte)

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