Me recibí de maestra de un nene (segunda parte)

Agus

El fin de semana, Alejo (el primo de Juli) había festejado el cumpleaños. Julieta se había enfiestado a uno de sus amigos, y al parecer caí yo en el medio de la negociación: él le dejaba usar su habitación a cambio de que yo garchara una vez más con el pibito. "Dale, que te cuesta" me suplicó ella y como por las amigas una se sacrifica, le prometí que le escribiría.

El lunes le mandé mensaje. Si era por él, nos veíamos en ese mismo momento, pero yo quería tirarlo más para adelante, pero sin llegar al finde, asi podía salir de joda tranquila. El jueves quedamos en encontrarnos, a mitad de camino de nuestros dos colegios. De ahí, fuimos para su casa, ya que sus padres no estaban y el hermano tenía doble turno.

Compramos algo para comer, y luego, nos tiramos a ver tele, que quedó encendida y mientras nosotros nos revolcándonos en el sillón. Le pregunté si en estos meses había cogido alguna otra vez. Me dijo que no, por lo que me imaginé otra vez un par de polvos express. 

Me desnudé por completo, ya que él no lo había hecho, solo me tocaba por debajo de la remera; y me senté arriba suyo. Agarré sus manos y las puse en mis tetas. "Relajate", le dije al notarlo muy tenso. Empezó a amasarlas, acariciando los costados, rozando los pezones. Cerré mis ojos y empecé a suspirar con cada movimiento del pendejo.

"Te gusta?", me preguntó con voz nerviosa. "Siiii, seguí asi, dale!" lo incitaba yo, mientras rozaba mi clítoris contra su pierna. Lo desnudé a él, dejándolo solo en calzoncillos. Se notaba la erección que tenía. Se la acaricié un poco y volví a ponerme arriba para que siguiera tocándome.

- Alguna vez tocaste una concha? - le pregunté mientras seguía rozándome las tetas
- A parte de la tuya, no
- La mía no la tocaste - le dije riéndome. - Vení

Y era cierto... en la lujuria del primer polvazo, casi que me lo había cogido yo a él... 

Me acomodé en el sillón, abrí mis piernas y le mostré toda mi concha. Él se quedó hipnotizado mirando como empezaba a tocarme. "Ayudame", le dije con una mano en mi conchita y otra en mis tetas. Agarré su mano, le chupé los dedos y la puse en mi concha. Se la arrastraba de arriba a abajo, en círculos, apretando, rozando...

Yo gemía cada vez más. "Chupala", le dije como si fuese una orden. Primero, no entendió, pero luego acomodó su cabeza entre mis piernas. Se quedó mirando, como queriendo descubrir todo lo nuevo que tenía en frente. De a poco, se animó y sacando la lengua, empezó a rozar mi clítoris con ella.

"Ayy siii" gritaba yo mientras él iba tomando confianza. Por ser la primera vez, lo hizo bastante bien. Lo separé de mi un rato, agarré uno de sus dedos y lo chupé. Luego, hice que lo metiera dentro de mi conchita. Lo moví un rato y después lo saqué mostrándole lo mojado que estaba. Metí el dedo en mi boca y se lo chupé como si fuese su verga.

Lo hice parar y lo terminé de dejar en bolas. Agarré su pija, que explotaba, y la empecé a chupar. Me la clavé hasta la garganta, la sacaba por la mitad y la volvía a clavar. La dejé súper lubricada. Ale tenía una cara de asombro y de no creer lo que estaba pasando. Después, me di vuelta arrodillándome en 4 en el sillón y levanté la cola. "Cogeme", le ordené.

Ale se acomodó y me la puso de una. "Despacio... despacio", le dije cuando vi que quería empezar a taladrar como loco. Empezó a acelerar de a poco. Ya se sentía el ruido de su cuerpo chocando contra el mío, cuando la sacó de golpe y me acabó en la cola. "Ay neneeee, hace cuanto no te pajeás???" le dije mientras seguía recibiendo chorros y chorros de leche que llegaron hasta mis hombros.

Volví a sentarme y abrir las piernas. Él había acabado, pero yo no. Así que me dispuse a disfrutar yo. Lo puse a chupármela de nuevo, hasta que terminó el trabajo. Me retorcí del placer cuando por fin vino el orgasmo deseado. Cuando se levantó, estaba empalmado de nuevo.

Me llevó hasta su habitación, y me volvió a coger. Me acosté en la cama, él se tiró encima mío y me la puso de una. "Cuando estés por acabar avisame", le dije. Tenía pensado dejarle un regalito para sus pajas. Después de un rato de penetrarme, la sacó y me dijo que ya casi estaba. Se notaba, porque la pija le latía de lo caliente que estaba.

Me senté en el borde de la cama, agarré su pija y lo empecé a petear. Se la chupé hasta que empezó a acabar. Cuando sentí la leche golpear contra mi garganta, tragué un poco y el resto lo empecé a escupir un poco en su pija, otro poco en mis tetas; para luego desparramarla. Le pasé la lengua al tronco de la verga, aun dura y chorreando, hasta dejarla limpita.

Con mi mejor sonrisa me acosté en la cama mirando como Ale aún no podía moverse. Seguía con la boca abierta. Se fue a limpiar, y volvió al rato. "No te querés lavar?", me preguntó. "No, me gusta sentir la lechita sequita en la piel" le dije tocándome las tetas. Ale se tiró encima mío y empezamos a besarnos de nuevo.

Me manoseó toda. Esta vez, se animó a tocarme la concha y hasta me pajeó metiéndome los dedos. "Asiii asiiii", le decía mientras los movía a gran velocidad. "Chupala" le dije cuando no aguanté más. Se tiró entre mis piernas y me hizo acabar de nuevo.

Luego de descansar, me cambié para irme. Ale me quería convencer de quedarme para otro polvo, pero me tenía que ir. "Dejame que te haga la cola", me dijo. Me empecé a reír y le dije que ni en pedo. "Aprendé un poco, y después vemos". Igualmente, me dio lástima dejarlo tan caliente, así que le hice un pete en la puerta y después si, volví a mi casa.

Los días siguientes, siguió insistiendo en volver a vernos, pero no le di bola. Mi parte del trato con Juli ya lo había cumplido. 

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Este relato es parte de una saga: 
- Me recibí de maestra de un nene (primera parte
Me recibí de maestra de un nene - este relato -

El cumple de mi primo

Tengo un primo un año más chico que yo, que se llama Alejo. Un tiempo atrás había estado con mi amiga Agustina, y se había transformado en una gran obsesión para él. No pensaba en otra cosa que no sea volver a coger con ella.

Yo en cambio, no había estado con ninguno de sus amigos. Los chicos que tenían mi edad me parecían re pendejos y pajeros. Particularmente sus amigos, cuando me veían le gritaban cosas a mi primo como el típico "entrega a tu prima" y le pedían a él que nos presenten... boludeces. Pero bueno, todo puede cambiar y un día llegó un nuevo cumpleaños de él. Fui a su casa.

Después de saludarlo, lo primero que hizo fue preguntarme si venía Agus. Si se tomaba un yogurt se moría de coma lácteo. Había ido con mi hermano, que se quedó un rato y se fue. Me quedé sola, charlando un rato con mi tía en otra parte de la casa.

Volví a la fiesta, y me puse a charlar con mi primo y un amigo que estaban juntos. Estuvimos un rato conversando, hasta que a mi primo lo llamaron de otro grupito un poco alejado. Yo me quedé con este pibito, que con sus ojitos claritos me empezaba a clavar la mirada y lejos de molestarme, me empezó a interesar.

Pero antes de encarar, quería hacerlo desear un poco (de calienta pija que era nomás). Empecé a acercarme poniendo mi boca en su oído, bien cerca. Mis manos buscaban el roce constantemente. Le tiré un piquito como distraída. Se avivó y quiso responder con un chuponazo y hasta ahí llegó mi muestra de cariño.

Lo paré y le dije que se ubicara. Pobre, no entendía nada. Le pedí que esperara. Lo busqué a mi primo y lo soborné. Querés volver a cogerte a Agus? Dejame ir a tu habitación. Los ojitos de mi primo se iluminaron y no dudó un segundo en habilitarnos el lugar.

Disimuladamente le dije al pendejo cómo era la jugada. Me levanté y me fui para la habitación de mi primo a esperarlo. Al rato, entró él. Apenas cerró la puerta, lo agarré de la remera pegándolo a mi cuerpo. Mientras nos comíamos la boca nos fuimos arrastrando hasta la cama y nos tiramos sin soltarnos ni un segundo.

Lo acosté boca arriba y le bajé los pantalones. Estaba empaladísimo. Agarré su pija y empecé a chuparla. No fue difícil tragarmela toda, no la tenía muy grande y con los consejos de Agus, estaba empezando a poder tragar más que antes.

El flaco estaba nervioso. Yo seguía mi trabajo, chupando con ganas. No tardó mucho en ensuciarme toda. Largó una cantidad de leche terrible. Saltó para todos lados. Lo único que repetía era "no lo puedo creer. Impresionante". La cara de asombro del pibito indicaba que aún no entendía como había llegado a esa situación.

Lo miré como diciendo "preparate porque esto recién empieza". Me tiré encima y lo empecé a besar de nuevo. El flaco quería ir al baño a limpiarse, le dije "vos de acá no te movés". Lo seguí besando, con mi mano recorría sus piernas pasaba por sus bolas y subía por su tronco, que todavía no había perdido la erección. Me saqué la remera, dejé que tocara mis tetas y las chupara, mientras me sacaba el jean.

Me paré de espaldas frente a él y me lo bajé despacio mostrándole mi cola, como si estuviese haciendo un striptease. Me subí arriba suyo de nuevo, ya desnudos los dos, y lo seguí besando. Agarré su mano y la llevé a mi concha toda mojada. "Ves lo que hiciste", le dije. "Hacete cargo", le dije, me acosté y le pedí que me la chupara.

Agarré su cabeza y lo iba moviendo para donde yo quería. Yo tenía el control total de sus movimientos. Bajé mi mano y me metí un dedo, mientras lo obligaba a seguir chupándomela. Sentía como el pibito estaba desesperado y nervioso por la situación.

Sin soltarle los pelos, lo levanté de mi entrepierna, y lo subí para comerle la boca. Tenía un gusto a concha que me excitaba un montón. Sin perder tiempo, me la puso y se empezó a mover. Trataba de moverse despacio, cerraba sus ojos como concentrándose en lo que hacía. Tenía la impresión como que iba a acabar rápido de nuevo, pero no. Reguló bien esta vez.

Se empezó a mover más fuerte y ahí me desaté. Lo di vuelta, y me subí arriba. Agarré sus manos las puse atrás de su cabeza y levantando mis caderas empezaba a subir y bajar por toda su pija. A veces me movía tan rápido que se salía. 

El pendejo tenía una cara de miedo terrible. Pensaba que lo iba a matar o a romper. Hacía fuerzas para no acabar, y la verdad que al ritmo que iba en cualquier momento eyaculaba. 

El se quedaba quieto, mientras yo me movía para adelante y para atrás. Mi calentura era cada vez más grande. Su respiración se empezó a acelerar. No iba a aguantar mucho más. Estaba por acabar. Yo seguí moviéndome hasta que pegó un grito. Solo atiné a decir "todavía no!!". Tarde. Igual, poco me importó que haya acabado. Me seguí moviendo aprovechando que su pija estaba aún dura. Me lo seguí cogiendo un rato, hasta que él pidió que me corriera de encima suyo.

Su pija se durmió, lo besé y le dije "hoy de acá no te vas hasta que yo no acabe". Mi concha chorreaba y latía de la calentura, no podía irme así. Me tiré en la cama, y me empecé a tocar, me masturbaba muy despacio, con una mano en mi clítoris y otra en mis tetas.

El nene miraba atónito lo que yo hacía. "Ayudameee, daaaaaaaale no seas malooo" le dije. Ahí reaccionó. Se puso entre mis piernas y empezó a chuparme la concha mientras metía 2 dedos. Lo agarré fuerte de la cabeza y lo aplasté contra mi clítoris, sin dejarlo mover. "Aaaaayyy siiii", grité. Tuve que tapar mi boca para que no se escuchara el grito por el orgasmo que había tenido.

Lejos de calmarme, me puso más caliente. Lo tiré en la cama y empecé a chuparle la pija. Se le paró enseguida y me senté arriba de nuevo. Con un desenfreno terrible me movía para todos lados: arriba, abajo, al costado, en círculos. Su pija era mi juguete. Saltaba y gemía como loca, buscando acabar de nuevo. Y el que busca...

Me paré de golpe. Abrí mi boca como para largar un terrible grito pero no salió nada. Me moví un par de veces más, recuperé aire y salí. El nene estaba asustadísimo. Debía pensar que me estaba por morir. Le agarré la pija y se la chupé hasta que lo hice acabar por tercera vez. De premio, lo dejé que acabara en mi boca. No quería ensuciar mucho la habitación de mi primo, además el flaco se lo merecía.

Volvimos a la fiesta. Estuve un rato más y me fui. Lo saludé a mi primo y le dije "no te preocupes, mañana arreglo lo tuyo". A los 2 días, mi primo recibía en su celular un mensaje de Agustina.

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Me recibí de maestra de un nene (segunda parte)

Me recibí de maestra de un nene (primera parte)

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Enfiestada en el ciber

Agus
Años atrás, cuando aún no era común tener internet en casa, me pasaba horas en un ciber del barrio. Con el tiempo, fui conociendo a la mayoría de los que iban seguido, como yo. Empecé a comerme al chico que atendía el local, Juan Manuel; un pibe de unos 25 años, que trabajaba a la noche hasta que cerraba.

Esto me significó tener horas gratis de internet, lo que no venía nada mal, a cambio de esperarlo a que cerrara y chuparle la pija o irnos a garchar a su casa cuando no había nadie. Algunas veces hasta improvisábamos un telo en un cuartito que tenía el local en la parte de atrás.

Que me lo estaba garchando ya era evidente para todos, pero lo que no sabían es que a veces cogíamos ahí mismo. La calentura escalaba cada vez más, y el morbo que esto significaba nos llevó a querer probar cosas nuevas.

Una noche, cuando solo quedaban un par de personas, me llevó atrás, cerró la puerta y se bajó los pantalones. No se que se me pasó en ese momento por la cabeza, pero la adrenalina que corrió por mis venas fue el desencadenante que me hizo arrodillar y chupársela hasta que acabó en mis tetas.

Salí de ahí como si nada, pero con una calentura de novela. Encima después me hizo fumar unos porros (primera vez probaba eso), así que volaba. Cuando fuimos a su casa, me lo garché como pocas veces lo había hecho. Nunca había cabalgado una pija o me había movido como esa noche. Quedé exhausta y cuando me fui a la mañana siguiente aún tenía ganas de seguir cogiendo.

Esa costumbre se empezó a hacer rutina los fines de semana (en la semana no me dejaban ir mucho, porque iba a la escuela). No solo la de fumar, sino también la de petear y hasta garchar con el negocio abierto. 

Como es costumbre en los hombres, no se pudo aguantar en contárselo a algunos pibes del lugar. Empecé a notar que me miraban y murmuraban cosas. Mucho no me molestaba, yo seguía con mis cosas y no les daba mucha bola. Hasta que un día, todo se terminó de ir al carajo.

Era de noche, ya casi la hora del cierre, quedaban 3 chicos jugando al Counter y un par de máquinas más. Yo estaba boludeando en internet como de costumbre en otra de las compus, hasta que me aburrí y me fui al mostrador donde estaba atendiendo Juanma. "Quedate que nos fumamos algo después, dale?". Por supuesto que acepté. Después de un rato, quedaron los 3 pibes jugando y nosotros dos.

Juanma se levantó, cerró la puerta y corrió las cortinas. Los 3 pibes eran amigos de él, y siempre los dejaba un rato más. Empezamos a fumar y después de un rato empezó a insistirme a que fuéramos atrás y se la chupara. Yo medio que le decía que no, pero él insistía.

Desde atrás de una de las máquinas uno de los pibes gritó "dale Agus, ya sabemos que se van atrás y le hacés un pete". Yo me quedé media shockeada. Otro acotó "Y muy buenos jaja", se empezaron a reír entre todos. Yo no sabía donde meterme. Lo miré a Juan Manuel, que se reía con ellos. "Dale boluda no pasa nada". Me agarró la mano y me llevó al cuartito. "Ey, queremos ver!" gritaron los pibes y se sintió como se levantaban rápido tirando las sillas.

Entramos, y me arrodilló de espalda a la puerta para que no me diera cuenta que los 3 pajeros estaban mirando como se la chupaba al amigo. Si bien era una linda pija, bien ancha, no era muy larga. No me costaba meterla hasta el fondo, como había aprendido y practicado tanto tiempo.

La escupí un par de veces y la empecé a tragar cada vez más. No paré hasta que mi nariz se estrelló contra su abdomen. Cuando la tenía adentro, aguantaba un rato y la sacaba, totalmente babeada. Juanma me movió la cabeza para ponerse un poco de costado y que los pibes miraran lo que estaba haciendo.

Ahí sentí el murmullo y frené para mirarlos. Saqué la pija de mi boca, me limpié la saliva que colgaba de mis labios y empecé a respirar, como cuando salís de abajo del agua después de un rato largo aguantando la respiración. Antes que pudiera reaccionar, Juanma agarró mi cabeza y la volvió a meter su verga en mi boca. Me tenía agarrada de los pelos mientras acompañaba los movimientos de mi cabeza.

Los otros 3 se manoseaban el bulto por encima del pantalón, hasta que uno no aguantó y la sacó para pajearse. De reojo miraba lo que hacían. Ellos no se perdían ni un detalle. Yo seguía chupando cada vez con más ritmo. Otro de los pibes empezó a bajarse los pantalones. Saqué la vista del costado, cerré mis ojos y me clavé la verga hasta la garganta. Cuando la saqué, miré de nuevo para donde estaban los pibes y me tuve que frenar en seco.

El segundo chabón estaba pajeando un tubo largo y ancho que me dejó la boca abierta. "Pará, boludo, no pelés eso acá, mirá como la dejaste", se reía Juanma, ya que yo había soltado su verga para mirar la de su amigo. "En serio, mirá la cara que tiene esta puta jaja, te gustan bien grandes?" decía otro.

El pijudo se acercó sin decir nada y se puso al lado de Juanma. Sin soltar la otra pija, abrí la boca para recibir el tronco que me ofrecían. Me entraba la cabeza, y no mucho más. No podía abrir más grande la boca, de lo ancha que era.

Los otros dos se animaron y se unieron a la fiesta. Me fui turnando entre las 4 pijas. Las otras dos no eran ni grandes ni gruesas, a una me sobraba la mano para agarrarla. Juan Manuel me hizo levantar. Se vistió y los hizo vestir a los otros pibes. Se fue a asegurar que esté todo bien cerrado y volvió. Cuando pensé que iban a hacer que se las siguiera chupando, vino lo que iba a ser (hasta ese momento) la mayor humillación en mi corta carrera sexual.

Se sentaron cada uno en una PC, uno al lado del otro (las máquinas estaban una al lado de la otra, como si fuera una mesa larga grande) y Juanma me hizo sentar al lado suyo. Cuando empezaron a jugar, Juanma se bajó los pantalones. "Chupa putita, mientras juego". Me arrodillé abajo de la mesa y empecé a chuparle la pija, mientras escuchaba como se reían y puteaban por el juego.

"Paraaa loco, no vale, no me puedo concentrar con esta trola chupándomela", gritó Juanma. "Pasamela". Me sacó la pija de la boca y me hizo ir gateando por abajo de la mesa hasta la silla de al lado. "Andá con él, putita, dale". El pibe ya tenía los pantalones bajos y empecé a chuparsela. Estuve un rato con el manicero, y luego me fui al siguiente. Quería que me tocara el pijón, pero no tuve suerte.

Se la chupé al siguiente un rato, casi nada, y cuando noté que se ponía duro saqué la pija de mi boca a tiempo antes que acabara. Dos chorros terribles de leche saltaron y golpearon contra la base de la mesa y el resto fue al piso. Lo dejé con la pija goteando y me fui a buscar el vergón. Ya estaba con el pantalón en los tobillos y la anaconda dormida apoyando sobre la silla.

"Estabas esperando esto?" me dijo espiando por abajo de la mesa. Le guiñé el ojo y empecé a comérsela como podía. La llené de saliva pasándole la lengua por el tronco desde la base hasta la cabeza. 3 manos y aún sobraba. Era un monstruo.

"Esperá, no quiero acabar, vení" me dijo mientras me hacía salir de abajo de la mesa. Empezaron a hablar de donde ir. Ninguno vivía solo, los 3 pibes no pasaban los 20 años, y Juan Manuel aunque era más grande también compartía la casa. Se fue al cuartito, trajo una frazada y la acomodó en la parte de atrás del salón, entre unas máquinas.

Me tiraron al piso y el primero en avalanzarse encima mío fue Juanma. Sin previa, ni nada me la clavó de una. Abrí bien las piernas y las levanté apoyándolas sobre su espalda. Entre mi pete y la velocidad que me estaba garchando, no aguantó mucho. Sacó la verga y me tiró la leche calentita en la panza.

Uno de los maniceros me tiró unas servilletas para que me limpie. Se acomodó entre mis piernas y me garchó un rato. Al lado de mi cabeza se acomodaron los otros dos. El pijudo y el que había hecho acabar hacía un rato. Pajeaba a uno, se la chupaba al otro, mientras me seguían cogiendo. Después de un rato cambiaron. Me quedé chupando al pijudo mientras el otro me empezaba a garchar.

Me estaba cogiendo hermoso, estaba disfrutando tanto que solté al pijudo para disfrutar las embestidas. El chabón agarró el vergón y lo empezó a refregar por toda mi cara. Trataba de pasarlo por mi boca pero los movimientos cada vez más fuertes del que me cogía hacían que me pegara en la pera, la nariz, la frente, los ojos. La pija babeada me llenó de saliva toda la cara.

Mientras disfrutaba del garche y de la anaconda refregándose en mi cara, el que me había empezado a coger apareció apoyando su pijita en mi cara. Moví la cabeza y se la chupé un rato. El loco me agarró fuerte de la cabeza y empezó a gritar re loco. "En la boca no", le dije tratando de mantener la poca dignidad que me quedaba.

La sacó y la apoyó en mi mejilla. La sacudió un par de veces y empezó a brotar leche a chorros. El pijudo se tuvo que levantar para que no lo ensuciara. Con la leche chorreando por mi cara, aun seguía teniendo al otro garchándome como si nada pasara.

Al rato la sacó y me pintó la panza de blanco. Cuando se movió, vi al pijudo acomodarse. A este no le importó la guasca del amigo. Solo quería cogerme. "Ayy siii" dije cuando lo vi. Mi concha se dilató sola de imaginarse ese monstruo. Agarró la pija de la base y empezó a empujar. Sentí como la cabeza iba abriéndose paso. Empecé a gemir y a contorsionar mi cuerpo a medida que seguía entrando. No terminaba más!!

Cuando llegó al tope, empezó a cogerme. "Mirá como se moja esta guacha" decía el chabón mostrando parte del tronco de su pija todo lubricado por mis jugos. Me agarró fuerte de las caderas y me rompió al medio, literalmente. Juan Manuel se acercó para taparme la boca con su pija, aun media dormida, porque parecía que me estaban matando. Lo estaba haciendo, pero lo disfrutaba de más. Nunca había sentido mi concha tan abierta y dilatada.

Me puso en 4, levantando bien la cola. Me pegó un par de chirlos y apoyó la punta de su pija en mi concha que sentía chorrear. "mmm siiii" susurraba yo al sentirla. Estaba más puta que nunca. Cuando me parecía que no podía ir más adentro, una embestida más fuerte me la enterraba más.

El pijudo me garchaba con fuerza, con bronca, queriendo romperme al medio. Pero lo único que salía de mi boca era que lo hiciera más fuerte. Juan Manuel se puso adelante mío y me metió la pija en la boca. Al rato, los otros dos lo acompañaron. Se turnaban para ponerme la verga en la boca, mientras el pijón me taladraba.

El pijudo no aguantó más y largó un chorro espeso de leche en mi espalda. "Cogetela así, es un espectáculo", le dijo Juan Manuel a uno de los pibes. Yo me quedé en esa posición esperando por el otro. Estaba tan dilatada que casi ni lo sentí. El pijudo metió su poronga aún dura y chorreando leche en la boca para que se la limpie.

Empecé a mover mis caderas hacia adelante y hacia atrás, para acelerar el ritmo del que me estaba cogiendo atrás, y trataba de meterla un poco más aunque no llegaba ni a la mitad de donde había llegado el otro. "Pará pendeja, no tengo un cañón yo jaja" se reían mientras me seguía garchando. "Entrega el culo la nena?", preguntó uno, mientras sentía más leche en la espalda.

"Todavía no me entregó... Agus... querés que te hagamos la cola también?". Yo estaba recuperándome, aun en 4, con la leche que chorreaba por mi espalda y ya empezaba a caer al piso. Seguía re caliente. "A vos si... a él no", dije señalando al pijudo. Se empezaron a reír y se vinieron los 4 sobre mi.

Me manosearon un rato y luego sentí como 2 arrancaron a jugar con mi colita. La escupían, tocaban, lamían. Uno se puso adelante mío para que se la chupara. Sentí como el pijudo sacaba a los otros dos de mi cola y me asusté. "Tranquila..." me dijo mientras abría mis cachetes y enterraba la cara entre mis nalgas.

Me relajé tanto que casi me caigo al piso. Levanté la cabeza para seguir mamando al otro pibe. Ahora eran dos. "Acabooo" gritó uno mientras yo sacaba la cara y cerraba los ojos. El loco apoyó la pija en donde pudo, acabando por completo en mi pelo.

Se empezaron a reír de mi pelo pegoteado por la guasca del boludo ese. Me estaban usando como una putita y se estaban divirtiendo cogiéndome. Me sentí humillada y sucia, pero también una terrible trola por estar disfrutando de la situación. Juan Manuel se puso atrás y apuntó su pija a mi ano.

Empezó a meterla de a poco. A medida que me iba acostumbrando, mi colita iba cediendo hasta aceptar toda la poronga de Juanma adentro. "Como aprieta esta cola por Dios!", decía mientras se movía despacio. "Más... más fuerte!" le pedí cuando sentí que se resbalaba fácil dentro mío. Se agarró de mis caderas y me empezó a culear cada vez más fuerte.

No soportó mucho mi colita apretada y acabó bañando mi espalda con su acabada. El pijudo se puso atrás y me agarró de las caderas, como para empezar a probar. Me tiré para adelante y les pedí por favor que no.

Me tranquilizaron un poco, y me convencieron que solo probara. Yo no podía sacar la vista del monstruo ese que le colgaba entre las piernas. Al final, me convencieron, con la condición que si yo decía basta se cortaba.No se que me hizo confiar en la palabra de 4 pajeros re calientes que solo buscaban cogerme, pero bueno...

Otra vez me llenó la cola de saliva. Ya la tenía más relajada y dilatada. Después de un rato largo de jugar en mi cola, me avisó que la iba a meter. Cerré los ojos y mordí mis labios. Apoyó la cabeza y sentí como empezaba a empujar cada vez más. Tenía que hacer mucha fuerza, estaba muy cerrada para esa poronga gigante.

"Despacio" decía yo, y en realidad no había entrado ni la cabeza. Pegué un grito de dolor cuando entró. La escupió de nuevo, y arremetió contra mi cola un poco más. Iba despacio, pero era muy ancha y sentía que me destruía. No terminaba más de entrar. "Basta", dije yo con la respiración entrecortada. "Basta" volví a repetir cuando sentí que el chabón seguía empujando.

"Vas bien, ya casi está la mitad". La mitad! La sentía en la garganta. "Hasta ahí hasta ahiii" grité desesperada. El flaco se frenó, y empezó a moverse. La verdad es que no se disfrutaba nada. Solo aguanté un poco más por orgullo y para anotarlo en mi curriculum.

Cuando la sentí que raspaba y realmente me dolía le dije que frenara. La sacó despacio y me tiré en el piso. Sentía el ano abierto y latiendo, destruido. Mis ojos estaban ya llorosos. El pijudo se paró encima mío y se pajeó hasta que acabó tirándome la leche en la espalda, la cola y el pelo. Me bañó. Los otros hicieron lo mismo. Yo no podía ni moverme. Quedé inmóvil en el piso mientras acaban sobre mi cuerpo.

Después de un rato, me acompañaron hasta mi casa. A pesar de todo, seguí yendo al ciber y aunque no los volví a coger a todos juntos, repartí algunos petes en el cuartito de atrás, y hasta algún rapidito entre juego y juego. Hasta que mi viejo se avivó que volvía re fumada y no me dejó ir más. Aunque eso no impidió que por un tiempo me siga comiendo al pijudo.