Amor Pirata (1)
Se acuerdan del amigo de mi hermano, Lucas? ayuda-memoria (?):
Una noche que me pasó a buscar después de bailar
En Mardel, cuando me hizo la cola
Otro encuentro más después del boliche
En el cumple de mi mamá
Ahora si...
Esas últimas semanas habían sido muy duras: me había enterado que Lucas tenía novia. No una más, como sabía tenía (y yo formaba parte de ese club). Era NOVIA, legal y oficial 100%. No quise averiguar mucho, como para hacerme la que no me importaba, pero me moría. Sentía que no lo iba a tener nunca más.
Una tarde volví del colegio apurada, ya que tenía que irme a entrenar. Cuando llegué, me llevé la sorpresa que mi hermano no estaba (trabajaba en mi casa). Estaba Lucas (trabajaban juntos, pero cada uno desde su casa). Lo saludé, con (me imagino) una cara de vergüenza terrible, ya que en el camino a casa había estado pensando en él... y encontrarlo ahí! me quería morir doblemente!
Le pregunté por mi hermano, me dijo que había salido a entregar unos trabajos, y él estaba en mi casa porque su PC se había roto y tenía que terminar un video para el fin de semana. Es decir, que no bastaba con toda la situación sino que además, lo iba a tener toda la semana en casa!
Me fui rápido para la cocina a preparar el almuerzo, tratando de evitarlo. Porque la verdad me provocaba comerle la boca. "Nunca va a engañar a la novia por una pendeja como yo!". "Si la eligió, seguro que es mejor que yo" pensaba. Le pregunté si quería que le preparara algo, y me puse a cocinar para los dos.
Al rato, aparece. Me preguntó como estaba en el cole, con hockey. Mientras seguíamos con la charla, él se acercaba. Yo no podía (ni quería) alejarme. Cuando me di cuenta lo tenía abrazándome por la espalda besando mi cuello. Mis ojos se abrieron y mi cuerpo temblaba. No entendía nada. "Me está buscando? Quiere algo? o es mi imaginación?". Tenía miedo de hacer cualquier cosa que después me vaya a arrepentir.
Me agarró de la cintura y bajó sus manos tocando la pollera de mi uniforme (no me había cambiado todavía). "Que lindo te queda", me dijo mientras tocaba mi pollera por la parte de adentro, rozando los muslos. Estaba todo más que claro. Lo separé y le dije que él estaba de novio, que no daba esta situación.
Lo hice más que nada para limpiar mi conciencia. "Esto se hace porque él quiere, yo no busqué nada". Me agarró de nuevo y me besó apasionadamente. "Me volvés loco pendeja... y así vestida el doble!". Mi respiración se agitó y solo pude agarrarlo de su cabeza y traerlo a mi boca. Ya no había resistencia a nada.
Sus manos bajaron por mi cintura hasta mis piernas. Agarró mis muslos desnudos y empezó a subir las manos levantándome la pollera arriba de la cintura. Yo le saqué la remera y recorrí su espalda con mis manos. Le desabroché el jean torpemente mientras sentía como su pija explotaba y quería salir.
Agarré su pijón, que no dejaba de sorprenderme por su tamaño. Aún no estaba dura al 100% y eso me excitaba aun más. Me encanta la posibilidad de sentir como se pone como una piedra por culpa de mi boca. Me agaché y empecé a chupársela, con una mano lo tocaba en el interior de sus piernas, sus huevos, subía a su panza. Con la otra sostenía su poronga, que empezaba a endurecerse cada vez más.
Me levantó de los brazos, me dio vuelta y me llevó hasta la mesa de la cocina. Me alzó sentándome arriba. Abrió mis piernas y se agachó corriendo mi bombachita a un lado, empezó a mover sus labios cerca de mi concha. Sacaba su lengua y rozaba mi clítoris, mis piernas y mis labios (los de abajo...). Me tiré hacia atrás. Empezó a chuparme la concha muy suave presionando con su lengua y acariciando con sus dedos. Me agarré del borde de la mesa bien fuerte. Empecé a gemir disfrutando de su chupada. "Sabés que en esta mesa comemos todos los días, no?" le dije explotando de morbo. Ni sacó su boca de mi concha, solo asintió con la cabeza y siguió desesperado atendiendome.
Su lengua seguía jugando pero ahora con un dedo adentro. Mi concha lubricada le pedía más, y tuvo más: metió otro dedo, después 3. Yo seguía agarrada de la mesa haciendo fuerza para moverme con él, que seguía los movimientos de mi cadera. De mi boca solo salían gemidos. Estaba loca y no tardé en acabar en sus labios, mientras gritaba más fuerte y me agarraba la cabeza, totalmente descontrolada y sin poder creer tanta explosión de placer.
Se levantó y me beso. Su boca aun tenía sabor a mis jugos. Me excitó de una manera increíble. Apuntó su pijota a mi concha mojada por mis jugos y su saliva. Entró muy fácil. Me ponía y sacaba la puntita y me volvía más loca, haciéndome desear que me penetrara con fuerza hasta sentir que su pijón hacía tope en el fondo de mi concha. Me senté y con mis piernas empujé su cuerpo contra el mío haciendo que su pija se enterrara toda. Primero grité de dolor, pero enseguida empecé a moverme encima de su verga.
Me tenía agarrada de la cola. Me dijo que me colgara de su cuello y me levantó. Me agarró bien firme de la cola y me empujaba para arriba y para abajo. Yo sentía que volaba sostenida solo por su pija, con las piernas colgando. Estaba prendida de su cuello y mi cuerpo pegado al de él.
Sus movimientos hacían que rozara mi clítoris con su cuerpo, lo que me daba doble placer. No paraba de gritar y pedirle que me diera más fuerte. Siempre obediente, me empujaba con violencia, sacando casi toda su pija y volviéndola a clavar. Parecía que no terminaba más de entrar. Cada vez que chocaba con el fondo dejaba escapar un grito de placer mezclado con expresiones de dolor en mi rostro.
Me cogió así hasta que sus brazos y piernas no aguantaron más. Yo había acabado como 2 veces. Me bajó, me dio vuelta y apoyó mi cuerpo contra la mesa. Su mano me sostenía la cara apoyada en la tabla, y no podía ver que hacía. Sentí su pija en la puerta de mi concha nuevamente. Me la metió de una. Ya no me trataba como una nena. Me garchaba como a una minita cualquiera con años de experiencia.
Las primeras veces que habíamos cogido me la metía despacio, me preguntaba si estaba bien... ahora me estaba dando una terrible garchada. Y yo pensaba que antes me cogía como un animal. Esta vez se zarpó. Yo no era la misma de un par de años atrás. Y él se había dado cuenta.
Me agarró de la cintura empujando mi cuerpo hacia el suyo. Yo ni me movía, él hacía todo. Tampoco podía. Me la estaba enterrando muy adentro y muy fuerte, llegaba a lugares donde no sabía que podía llegar. Me agarraba del pelo y me pegaba fuerte en la cola. "Te gusta, putita... te gusta putita" me gritaba. "Ay si, más fuerte dale más fuerte". Estaba totalmente sacado.
No podía creer que me calentara tanto que me trate de esa forma y me hiciera esas cosas. De mi boca solo salían gritos y gemidos; mientras me seguía garchando ferozmente y yo tenía otro orgasmo más. Había perdido la cuenta. Y el animal seguía atrás mío cogiéndome sin parar.
Sacó su pija y enseguida sentí el lechazo caliente en mi espalda terminando de chorrear en mi cola. Salía a chorros y mucha. Me quedé un rato quieta, tirada con el cuerpo apoyado en la mesa y los brazos abiertos hacia los costados, tratando de recuperarme. Con mis manos me desparramé los chorros de leche que sentía caer por mi piel y me arrodillé ante él para limpiarle la pija con mi boca. Mientras se la chupaba sentía el gusto a su leche aun caliente y como su verga seguía dura.
Quería seguir cogiendo toda la tarde. En ese momento, sentimos la puerta de la calle. Mi hermano había vuelto. Me acomodé el uniforme y salí corriendo para mi habitación. Lucas se acomodó y se metió en el baño para vestirse bien. "Estoy haciendo algo de comer para Lucas y para mi, te prendés?", le dije a mi hermano mientras lo saludaba tratando de parecer lo más normal posible (aunque aún sentía mi corazón latir fuerte por toda la adrenalina). Al rato apareció Lucas que lo saludó. Nos miró y no dijo nada, aunque calculo que algo habrá sospechado.
Lucas tuvo la PC rota varios días, así que estuvo trabajando en mi casa un tiempo. A veces estaba mi hermano, pero cuando quedábamos solos aprovechábamos para pegarnos unos polvazos express terribles. Después me enteré que seguía yendo a trabajar a mi casa, aun cuando ya le habían arreglado la compu. Ya poco me importaba su novia, y todos los miedos de no poder coger más con él ya eran del pasado. Me estaba gustando el puesto de "amante".
Me recibí de maestra de un nene (segunda parte)
Agus
El fin de semana, Alejo (el primo de Juli) había festejado el cumpleaños. Julieta se había enfiestado a uno de sus amigos, y al parecer caí yo en el medio de la negociación: él le dejaba usar su habitación a cambio de que yo garchara una vez más con el pibito. "Dale, que te cuesta" me suplicó ella y como por las amigas una se sacrifica, le prometí que le escribiría.El lunes le mandé mensaje. Si era por él, nos veíamos en ese mismo momento, pero yo quería tirarlo más para adelante, pero sin llegar al finde, asi podía salir de joda tranquila. El jueves quedamos en encontrarnos, a mitad de camino de nuestros dos colegios. De ahí, fuimos para su casa, ya que sus padres no estaban y el hermano tenía doble turno.
Compramos algo para comer, y luego, nos tiramos a ver tele, que quedó encendida y mientras nosotros nos revolcándonos en el sillón. Le pregunté si en estos meses había cogido alguna otra vez. Me dijo que no, por lo que me imaginé otra vez un par de polvos express.
Me desnudé por completo, ya que él no lo había hecho, solo me tocaba por debajo de la remera; y me senté arriba suyo. Agarré sus manos y las puse en mis tetas. "Relajate", le dije al notarlo muy tenso. Empezó a amasarlas, acariciando los costados, rozando los pezones. Cerré mis ojos y empecé a suspirar con cada movimiento del pendejo.
"Te gusta?", me preguntó con voz nerviosa. "Siiii, seguí asi, dale!" lo incitaba yo, mientras rozaba mi clítoris contra su pierna. Lo desnudé a él, dejándolo solo en calzoncillos. Se notaba la erección que tenía. Se la acaricié un poco y volví a ponerme arriba para que siguiera tocándome.
- A parte de la tuya, no
- La mía no la tocaste - le dije riéndome. - Vení
Me acomodé en el sillón, abrí mis piernas y le mostré toda mi concha. Él se quedó hipnotizado mirando como empezaba a tocarme. "Ayudame", le dije con una mano en mi conchita y otra en mis tetas. Agarré su mano, le chupé los dedos y la puse en mi concha. Se la arrastraba de arriba a abajo, en círculos, apretando, rozando...
Yo gemía cada vez más. "Chupala", le dije como si fuese una orden. Primero, no entendió, pero luego acomodó su cabeza entre mis piernas. Se quedó mirando, como queriendo descubrir todo lo nuevo que tenía en frente. De a poco, se animó y sacando la lengua, empezó a rozar mi clítoris con ella.
"Ayy siii" gritaba yo mientras él iba tomando confianza. Por ser la primera vez, lo hizo bastante bien. Lo separé de mi un rato, agarré uno de sus dedos y lo chupé. Luego, hice que lo metiera dentro de mi conchita. Lo moví un rato y después lo saqué mostrándole lo mojado que estaba. Metí el dedo en mi boca y se lo chupé como si fuese su verga.
Lo hice parar y lo terminé de dejar en bolas. Agarré su pija, que explotaba, y la empecé a chupar. Me la clavé hasta la garganta, la sacaba por la mitad y la volvía a clavar. La dejé súper lubricada. Ale tenía una cara de asombro y de no creer lo que estaba pasando. Después, me di vuelta arrodillándome en 4 en el sillón y levanté la cola. "Cogeme", le ordené.
Ale se acomodó y me la puso de una. "Despacio... despacio", le dije cuando vi que quería empezar a taladrar como loco. Empezó a acelerar de a poco. Ya se sentía el ruido de su cuerpo chocando contra el mío, cuando la sacó de golpe y me acabó en la cola. "Ay neneeee, hace cuanto no te pajeás???" le dije mientras seguía recibiendo chorros y chorros de leche que llegaron hasta mis hombros.
Volví a sentarme y abrir las piernas. Él había acabado, pero yo no. Así que me dispuse a disfrutar yo. Lo puse a chupármela de nuevo, hasta que terminó el trabajo. Me retorcí del placer cuando por fin vino el orgasmo deseado. Cuando se levantó, estaba empalmado de nuevo.
Me llevó hasta su habitación, y me volvió a coger. Me acosté en la cama, él se tiró encima mío y me la puso de una. "Cuando estés por acabar avisame", le dije. Tenía pensado dejarle un regalito para sus pajas. Después de un rato de penetrarme, la sacó y me dijo que ya casi estaba. Se notaba, porque la pija le latía de lo caliente que estaba.
Me senté en el borde de la cama, agarré su pija y lo empecé a petear. Se la chupé hasta que empezó a acabar. Cuando sentí la leche golpear contra mi garganta, tragué un poco y el resto lo empecé a escupir un poco en su pija, otro poco en mis tetas; para luego desparramarla. Le pasé la lengua al tronco de la verga, aun dura y chorreando, hasta dejarla limpita.
Con mi mejor sonrisa me acosté en la cama mirando como Ale aún no podía moverse. Seguía con la boca abierta. Se fue a limpiar, y volvió al rato. "No te querés lavar?", me preguntó. "No, me gusta sentir la lechita sequita en la piel" le dije tocándome las tetas. Ale se tiró encima mío y empezamos a besarnos de nuevo.
Me manoseó toda. Esta vez, se animó a tocarme la concha y hasta me pajeó metiéndome los dedos. "Asiii asiiii", le decía mientras los movía a gran velocidad. "Chupala" le dije cuando no aguanté más. Se tiró entre mis piernas y me hizo acabar de nuevo.
Luego de descansar, me cambié para irme. Ale me quería convencer de quedarme para otro polvo, pero me tenía que ir. "Dejame que te haga la cola", me dijo. Me empecé a reír y le dije que ni en pedo. "Aprendé un poco, y después vemos". Igualmente, me dio lástima dejarlo tan caliente, así que le hice un pete en la puerta y después si, volví a mi casa.
Los días siguientes, siguió insistiendo en volver a vernos, pero no le di bola. Mi parte del trato con Juli ya lo había cumplido.
El cumple de mi primo
Tengo un primo un año más chico que yo, que se llama Alejo. Un tiempo atrás había estado con mi amiga Agustina, y se había transformado en una gran obsesión para él. No pensaba en otra cosa que no sea volver a coger con ella.
Yo en cambio, no había estado con ninguno de sus amigos. Los chicos que tenían mi edad me parecían re pendejos y pajeros. Particularmente sus amigos, cuando me veían le gritaban cosas a mi primo como el típico "entrega a tu prima" y le pedían a él que nos presenten... boludeces. Pero bueno, todo puede cambiar y un día llegó un nuevo cumpleaños de él. Fui a su casa.
Después de saludarlo, lo primero que hizo fue preguntarme si venía Agus. Si se tomaba un yogurt se moría de coma lácteo. Había ido con mi hermano, que se quedó un rato y se fue. Me quedé sola, charlando un rato con mi tía en otra parte de la casa.
Volví a la fiesta, y me puse a charlar con mi primo y un amigo que estaban juntos. Estuvimos un rato conversando, hasta que a mi primo lo llamaron de otro grupito un poco alejado. Yo me quedé con este pibito, que con sus ojitos claritos me empezaba a clavar la mirada y lejos de molestarme, me empezó a interesar.
Pero antes de encarar, quería hacerlo desear un poco (de calienta pija que era nomás). Empecé a acercarme poniendo mi boca en su oído, bien cerca. Mis manos buscaban el roce constantemente. Le tiré un piquito como distraída. Se avivó y quiso responder con un chuponazo y hasta ahí llegó mi muestra de cariño.
Lo paré y le dije que se ubicara. Pobre, no entendía nada. Le pedí que esperara. Lo busqué a mi primo y lo soborné. Querés volver a cogerte a Agus? Dejame ir a tu habitación. Los ojitos de mi primo se iluminaron y no dudó un segundo en habilitarnos el lugar.
Disimuladamente le dije al pendejo cómo era la jugada. Me levanté y me fui para la habitación de mi primo a esperarlo. Al rato, entró él. Apenas cerró la puerta, lo agarré de la remera pegándolo a mi cuerpo. Mientras nos comíamos la boca nos fuimos arrastrando hasta la cama y nos tiramos sin soltarnos ni un segundo.
Lo acosté boca arriba y le bajé los pantalones. Estaba empaladísimo. Agarré su pija y empecé a chuparla. No fue difícil tragarmela toda, no la tenía muy grande y con los consejos de Agus, estaba empezando a poder tragar más que antes.
El flaco estaba nervioso. Yo seguía mi trabajo, chupando con ganas. No tardó mucho en ensuciarme toda. Largó una cantidad de leche terrible. Saltó para todos lados. Lo único que repetía era "no lo puedo creer. Impresionante". La cara de asombro del pibito indicaba que aún no entendía como había llegado a esa situación.
Lo miré como diciendo "preparate porque esto recién empieza". Me tiré encima y lo empecé a besar de nuevo. El flaco quería ir al baño a limpiarse, le dije "vos de acá no te movés". Lo seguí besando, con mi mano recorría sus piernas pasaba por sus bolas y subía por su tronco, que todavía no había perdido la erección. Me saqué la remera, dejé que tocara mis tetas y las chupara, mientras me sacaba el jean.
Me paré de espaldas frente a él y me lo bajé despacio mostrándole mi cola, como si estuviese haciendo un striptease. Me subí arriba suyo de nuevo, ya desnudos los dos, y lo seguí besando. Agarré su mano y la llevé a mi concha toda mojada. "Ves lo que hiciste", le dije. "Hacete cargo", le dije, me acosté y le pedí que me la chupara.
Agarré su cabeza y lo iba moviendo para donde yo quería. Yo tenía el control total de sus movimientos. Bajé mi mano y me metí un dedo, mientras lo obligaba a seguir chupándomela. Sentía como el pibito estaba desesperado y nervioso por la situación.
Sin soltarle los pelos, lo levanté de mi entrepierna, y lo subí para comerle la boca. Tenía un gusto a concha que me excitaba un montón. Sin perder tiempo, me la puso y se empezó a mover. Trataba de moverse despacio, cerraba sus ojos como concentrándose en lo que hacía. Tenía la impresión como que iba a acabar rápido de nuevo, pero no. Reguló bien esta vez.
Se empezó a mover más fuerte y ahí me desaté. Lo di vuelta, y me subí arriba. Agarré sus manos las puse atrás de su cabeza y levantando mis caderas empezaba a subir y bajar por toda su pija. A veces me movía tan rápido que se salía.
El pendejo tenía una cara de miedo terrible. Pensaba que lo iba a matar o a romper. Hacía fuerzas para no acabar, y la verdad que al ritmo que iba en cualquier momento eyaculaba.
El se quedaba quieto, mientras yo me movía para adelante y para atrás. Mi calentura era cada vez más grande. Su respiración se empezó a acelerar. No iba a aguantar mucho más. Estaba por acabar. Yo seguí moviéndome hasta que pegó un grito. Solo atiné a decir "todavía no!!". Tarde. Igual, poco me importó que haya acabado. Me seguí moviendo aprovechando que su pija estaba aún dura. Me lo seguí cogiendo un rato, hasta que él pidió que me corriera de encima suyo.
Su pija se durmió, lo besé y le dije "hoy de acá no te vas hasta que yo no acabe". Mi concha chorreaba y latía de la calentura, no podía irme así. Me tiré en la cama, y me empecé a tocar, me masturbaba muy despacio, con una mano en mi clítoris y otra en mis tetas.
El nene miraba atónito lo que yo hacía. "Ayudameee, daaaaaaaale no seas malooo" le dije. Ahí reaccionó. Se puso entre mis piernas y empezó a chuparme la concha mientras metía 2 dedos. Lo agarré fuerte de la cabeza y lo aplasté contra mi clítoris, sin dejarlo mover. "Aaaaayyy siiii", grité. Tuve que tapar mi boca para que no se escuchara el grito por el orgasmo que había tenido.
Lejos de calmarme, me puso más caliente. Lo tiré en la cama y empecé a chuparle la pija. Se le paró enseguida y me senté arriba de nuevo. Con un desenfreno terrible me movía para todos lados: arriba, abajo, al costado, en círculos. Su pija era mi juguete. Saltaba y gemía como loca, buscando acabar de nuevo. Y el que busca...
Me paré de golpe. Abrí mi boca como para largar un terrible grito pero no salió nada. Me moví un par de veces más, recuperé aire y salí. El nene estaba asustadísimo. Debía pensar que me estaba por morir. Le agarré la pija y se la chupé hasta que lo hice acabar por tercera vez. De premio, lo dejé que acabara en mi boca. No quería ensuciar mucho la habitación de mi primo, además el flaco se lo merecía.
Volvimos a la fiesta. Estuve un rato más y me fui. Lo saludé a mi primo y le dije "no te preocupes, mañana arreglo lo tuyo". A los 2 días, mi primo recibía en su celular un mensaje de Agustina.
Me recibí de maestra de un nene (primera parte)
Enfiestada en el ciber
Esto me significó tener horas gratis de internet, lo que no venía nada mal, a cambio de esperarlo a que cerrara y chuparle la pija o irnos a garchar a su casa cuando no había nadie. Algunas veces hasta improvisábamos un telo en un cuartito que tenía el local en la parte de atrás.
Que me lo estaba garchando ya era evidente para todos, pero lo que no sabían es que a veces cogíamos ahí mismo. La calentura escalaba cada vez más, y el morbo que esto significaba nos llevó a querer probar cosas nuevas.
Una noche, cuando solo quedaban un par de personas, me llevó atrás, cerró la puerta y se bajó los pantalones. No se que se me pasó en ese momento por la cabeza, pero la adrenalina que corrió por mis venas fue el desencadenante que me hizo arrodillar y chupársela hasta que acabó en mis tetas.
Salí de ahí como si nada, pero con una calentura de novela. Encima después me hizo fumar unos porros (primera vez probaba eso), así que volaba. Cuando fuimos a su casa, me lo garché como pocas veces lo había hecho. Nunca había cabalgado una pija o me había movido como esa noche. Quedé exhausta y cuando me fui a la mañana siguiente aún tenía ganas de seguir cogiendo.
Esa costumbre se empezó a hacer rutina los fines de semana (en la semana no me dejaban ir mucho, porque iba a la escuela). No solo la de fumar, sino también la de petear y hasta garchar con el negocio abierto.
Como es costumbre en los hombres, no se pudo aguantar en contárselo a algunos pibes del lugar. Empecé a notar que me miraban y murmuraban cosas. Mucho no me molestaba, yo seguía con mis cosas y no les daba mucha bola. Hasta que un día, todo se terminó de ir al carajo.
Era de noche, ya casi la hora del cierre, quedaban 3 chicos jugando al Counter y un par de máquinas más. Yo estaba boludeando en internet como de costumbre en otra de las compus, hasta que me aburrí y me fui al mostrador donde estaba atendiendo Juanma. "Quedate que nos fumamos algo después, dale?". Por supuesto que acepté. Después de un rato, quedaron los 3 pibes jugando y nosotros dos.
Juanma se levantó, cerró la puerta y corrió las cortinas. Los 3 pibes eran amigos de él, y siempre los dejaba un rato más. Empezamos a fumar y después de un rato empezó a insistirme a que fuéramos atrás y se la chupara. Yo medio que le decía que no, pero él insistía.
Desde atrás de una de las máquinas uno de los pibes gritó "dale Agus, ya sabemos que se van atrás y le hacés un pete". Yo me quedé media shockeada. Otro acotó "Y muy buenos jaja", se empezaron a reír entre todos. Yo no sabía donde meterme. Lo miré a Juan Manuel, que se reía con ellos. "Dale boluda no pasa nada". Me agarró la mano y me llevó al cuartito. "Ey, queremos ver!" gritaron los pibes y se sintió como se levantaban rápido tirando las sillas.
Entramos, y me arrodilló de espalda a la puerta para que no me diera cuenta que los 3 pajeros estaban mirando como se la chupaba al amigo. Si bien era una linda pija, bien ancha, no era muy larga. No me costaba meterla hasta el fondo, como había aprendido y practicado tanto tiempo.
La escupí un par de veces y la empecé a tragar cada vez más. No paré hasta que mi nariz se estrelló contra su abdomen. Cuando la tenía adentro, aguantaba un rato y la sacaba, totalmente babeada. Juanma me movió la cabeza para ponerse un poco de costado y que los pibes miraran lo que estaba haciendo.
Ahí sentí el murmullo y frené para mirarlos. Saqué la pija de mi boca, me limpié la saliva que colgaba de mis labios y empecé a respirar, como cuando salís de abajo del agua después de un rato largo aguantando la respiración. Antes que pudiera reaccionar, Juanma agarró mi cabeza y la volvió a meter su verga en mi boca. Me tenía agarrada de los pelos mientras acompañaba los movimientos de mi cabeza.
Los otros 3 se manoseaban el bulto por encima del pantalón, hasta que uno no aguantó y la sacó para pajearse. De reojo miraba lo que hacían. Ellos no se perdían ni un detalle. Yo seguía chupando cada vez con más ritmo. Otro de los pibes empezó a bajarse los pantalones. Saqué la vista del costado, cerré mis ojos y me clavé la verga hasta la garganta. Cuando la saqué, miré de nuevo para donde estaban los pibes y me tuve que frenar en seco.
El segundo chabón estaba pajeando un tubo largo y ancho que me dejó la boca abierta. "Pará, boludo, no pelés eso acá, mirá como la dejaste", se reía Juanma, ya que yo había soltado su verga para mirar la de su amigo. "En serio, mirá la cara que tiene esta puta jaja, te gustan bien grandes?" decía otro.
El pijudo se acercó sin decir nada y se puso al lado de Juanma. Sin soltar la otra pija, abrí la boca para recibir el tronco que me ofrecían. Me entraba la cabeza, y no mucho más. No podía abrir más grande la boca, de lo ancha que era.
Los otros dos se animaron y se unieron a la fiesta. Me fui turnando entre las 4 pijas. Las otras dos no eran ni grandes ni gruesas, a una me sobraba la mano para agarrarla. Juan Manuel me hizo levantar. Se vistió y los hizo vestir a los otros pibes. Se fue a asegurar que esté todo bien cerrado y volvió. Cuando pensé que iban a hacer que se las siguiera chupando, vino lo que iba a ser (hasta ese momento) la mayor humillación en mi corta carrera sexual.
Se sentaron cada uno en una PC, uno al lado del otro (las máquinas estaban una al lado de la otra, como si fuera una mesa larga grande) y Juanma me hizo sentar al lado suyo. Cuando empezaron a jugar, Juanma se bajó los pantalones. "Chupa putita, mientras juego". Me arrodillé abajo de la mesa y empecé a chuparle la pija, mientras escuchaba como se reían y puteaban por el juego.
"Paraaa loco, no vale, no me puedo concentrar con esta trola chupándomela", gritó Juanma. "Pasamela". Me sacó la pija de la boca y me hizo ir gateando por abajo de la mesa hasta la silla de al lado. "Andá con él, putita, dale". El pibe ya tenía los pantalones bajos y empecé a chuparsela. Estuve un rato con el manicero, y luego me fui al siguiente. Quería que me tocara el pijón, pero no tuve suerte.
Se la chupé al siguiente un rato, casi nada, y cuando noté que se ponía duro saqué la pija de mi boca a tiempo antes que acabara. Dos chorros terribles de leche saltaron y golpearon contra la base de la mesa y el resto fue al piso. Lo dejé con la pija goteando y me fui a buscar el vergón. Ya estaba con el pantalón en los tobillos y la anaconda dormida apoyando sobre la silla.
"Estabas esperando esto?" me dijo espiando por abajo de la mesa. Le guiñé el ojo y empecé a comérsela como podía. La llené de saliva pasándole la lengua por el tronco desde la base hasta la cabeza. 3 manos y aún sobraba. Era un monstruo.
"Esperá, no quiero acabar, vení" me dijo mientras me hacía salir de abajo de la mesa. Empezaron a hablar de donde ir. Ninguno vivía solo, los 3 pibes no pasaban los 20 años, y Juan Manuel aunque era más grande también compartía la casa. Se fue al cuartito, trajo una frazada y la acomodó en la parte de atrás del salón, entre unas máquinas.
Me tiraron al piso y el primero en avalanzarse encima mío fue Juanma. Sin previa, ni nada me la clavó de una. Abrí bien las piernas y las levanté apoyándolas sobre su espalda. Entre mi pete y la velocidad que me estaba garchando, no aguantó mucho. Sacó la verga y me tiró la leche calentita en la panza.
Uno de los maniceros me tiró unas servilletas para que me limpie. Se acomodó entre mis piernas y me garchó un rato. Al lado de mi cabeza se acomodaron los otros dos. El pijudo y el que había hecho acabar hacía un rato. Pajeaba a uno, se la chupaba al otro, mientras me seguían cogiendo. Después de un rato cambiaron. Me quedé chupando al pijudo mientras el otro me empezaba a garchar.
Me estaba cogiendo hermoso, estaba disfrutando tanto que solté al pijudo para disfrutar las embestidas. El chabón agarró el vergón y lo empezó a refregar por toda mi cara. Trataba de pasarlo por mi boca pero los movimientos cada vez más fuertes del que me cogía hacían que me pegara en la pera, la nariz, la frente, los ojos. La pija babeada me llenó de saliva toda la cara.
Mientras disfrutaba del garche y de la anaconda refregándose en mi cara, el que me había empezado a coger apareció apoyando su pijita en mi cara. Moví la cabeza y se la chupé un rato. El loco me agarró fuerte de la cabeza y empezó a gritar re loco. "En la boca no", le dije tratando de mantener la poca dignidad que me quedaba.
La sacó y la apoyó en mi mejilla. La sacudió un par de veces y empezó a brotar leche a chorros. El pijudo se tuvo que levantar para que no lo ensuciara. Con la leche chorreando por mi cara, aun seguía teniendo al otro garchándome como si nada pasara.
Al rato la sacó y me pintó la panza de blanco. Cuando se movió, vi al pijudo acomodarse. A este no le importó la guasca del amigo. Solo quería cogerme. "Ayy siii" dije cuando lo vi. Mi concha se dilató sola de imaginarse ese monstruo. Agarró la pija de la base y empezó a empujar. Sentí como la cabeza iba abriéndose paso. Empecé a gemir y a contorsionar mi cuerpo a medida que seguía entrando. No terminaba más!!
Cuando llegó al tope, empezó a cogerme. "Mirá como se moja esta guacha" decía el chabón mostrando parte del tronco de su pija todo lubricado por mis jugos. Me agarró fuerte de las caderas y me rompió al medio, literalmente. Juan Manuel se acercó para taparme la boca con su pija, aun media dormida, porque parecía que me estaban matando. Lo estaba haciendo, pero lo disfrutaba de más. Nunca había sentido mi concha tan abierta y dilatada.
Me puso en 4, levantando bien la cola. Me pegó un par de chirlos y apoyó la punta de su pija en mi concha que sentía chorrear. "mmm siiii" susurraba yo al sentirla. Estaba más puta que nunca. Cuando me parecía que no podía ir más adentro, una embestida más fuerte me la enterraba más.
El pijudo me garchaba con fuerza, con bronca, queriendo romperme al medio. Pero lo único que salía de mi boca era que lo hiciera más fuerte. Juan Manuel se puso adelante mío y me metió la pija en la boca. Al rato, los otros dos lo acompañaron. Se turnaban para ponerme la verga en la boca, mientras el pijón me taladraba.
El pijudo no aguantó más y largó un chorro espeso de leche en mi espalda. "Cogetela así, es un espectáculo", le dijo Juan Manuel a uno de los pibes. Yo me quedé en esa posición esperando por el otro. Estaba tan dilatada que casi ni lo sentí. El pijudo metió su poronga aún dura y chorreando leche en la boca para que se la limpie.
Empecé a mover mis caderas hacia adelante y hacia atrás, para acelerar el ritmo del que me estaba cogiendo atrás, y trataba de meterla un poco más aunque no llegaba ni a la mitad de donde había llegado el otro. "Pará pendeja, no tengo un cañón yo jaja" se reían mientras me seguía garchando. "Entrega el culo la nena?", preguntó uno, mientras sentía más leche en la espalda.
"Todavía no me entregó... Agus... querés que te hagamos la cola también?". Yo estaba recuperándome, aun en 4, con la leche que chorreaba por mi espalda y ya empezaba a caer al piso. Seguía re caliente. "A vos si... a él no", dije señalando al pijudo. Se empezaron a reír y se vinieron los 4 sobre mi.
Me manosearon un rato y luego sentí como 2 arrancaron a jugar con mi colita. La escupían, tocaban, lamían. Uno se puso adelante mío para que se la chupara. Sentí como el pijudo sacaba a los otros dos de mi cola y me asusté. "Tranquila..." me dijo mientras abría mis cachetes y enterraba la cara entre mis nalgas.
Me relajé tanto que casi me caigo al piso. Levanté la cabeza para seguir mamando al otro pibe. Ahora eran dos. "Acabooo" gritó uno mientras yo sacaba la cara y cerraba los ojos. El loco apoyó la pija en donde pudo, acabando por completo en mi pelo.
Se empezaron a reír de mi pelo pegoteado por la guasca del boludo ese. Me estaban usando como una putita y se estaban divirtiendo cogiéndome. Me sentí humillada y sucia, pero también una terrible trola por estar disfrutando de la situación. Juan Manuel se puso atrás y apuntó su pija a mi ano.
Empezó a meterla de a poco. A medida que me iba acostumbrando, mi colita iba cediendo hasta aceptar toda la poronga de Juanma adentro. "Como aprieta esta cola por Dios!", decía mientras se movía despacio. "Más... más fuerte!" le pedí cuando sentí que se resbalaba fácil dentro mío. Se agarró de mis caderas y me empezó a culear cada vez más fuerte.
No soportó mucho mi colita apretada y acabó bañando mi espalda con su acabada. El pijudo se puso atrás y me agarró de las caderas, como para empezar a probar. Me tiré para adelante y les pedí por favor que no.
Me tranquilizaron un poco, y me convencieron que solo probara. Yo no podía sacar la vista del monstruo ese que le colgaba entre las piernas. Al final, me convencieron, con la condición que si yo decía basta se cortaba.No se que me hizo confiar en la palabra de 4 pajeros re calientes que solo buscaban cogerme, pero bueno...
Otra vez me llenó la cola de saliva. Ya la tenía más relajada y dilatada. Después de un rato largo de jugar en mi cola, me avisó que la iba a meter. Cerré los ojos y mordí mis labios. Apoyó la cabeza y sentí como empezaba a empujar cada vez más. Tenía que hacer mucha fuerza, estaba muy cerrada para esa poronga gigante.
"Despacio" decía yo, y en realidad no había entrado ni la cabeza. Pegué un grito de dolor cuando entró. La escupió de nuevo, y arremetió contra mi cola un poco más. Iba despacio, pero era muy ancha y sentía que me destruía. No terminaba más de entrar. "Basta", dije yo con la respiración entrecortada. "Basta" volví a repetir cuando sentí que el chabón seguía empujando.
"Vas bien, ya casi está la mitad". La mitad! La sentía en la garganta. "Hasta ahí hasta ahiii" grité desesperada. El flaco se frenó, y empezó a moverse. La verdad es que no se disfrutaba nada. Solo aguanté un poco más por orgullo y para anotarlo en mi curriculum.
Cuando la sentí que raspaba y realmente me dolía le dije que frenara. La sacó despacio y me tiré en el piso. Sentía el ano abierto y latiendo, destruido. Mis ojos estaban ya llorosos. El pijudo se paró encima mío y se pajeó hasta que acabó tirándome la leche en la espalda, la cola y el pelo. Me bañó. Los otros hicieron lo mismo. Yo no podía ni moverme. Quedé inmóvil en el piso mientras acaban sobre mi cuerpo.
Después de un rato, me acompañaron hasta mi casa. A pesar de todo, seguí yendo al ciber y aunque no los volví a coger a todos juntos, repartí algunos petes en el cuartito de atrás, y hasta algún rapidito entre juego y juego. Hasta que mi viejo se avivó que volvía re fumada y no me dejó ir más. Aunque eso no impidió que por un tiempo me siga comiendo al pijudo.
Despidiendo al chongo de verano
Luego del trío en Funes, no nos volvimos a ver. Las clases ya habían comenzando pero un finde me lo encontré en el boliche. Como técnicamente aún estábamos en verano, usé ese hueco legal (?) para poder estar con él otra vez.
Luego de dar un par de vueltas por el cheboli, me lo crucé. Lógicamente, no me lo pude sacar más de encima en toda la noche. Me invitó a pasar al VIP, le dije que si pero solo un rato. Porque mis amigas se volvían a dormir a mi casa esa noche, así que no podíamos separarnos (encima me iba a buscar mi viejo. Cero chances).
Estuvimos un rato sentados charlando intercambiando palabras con algunos besos. Hasta que dejaron de haber palabras y solo había besos. Y se sumaron manos pícaras recorriendo nuestros cuerpos. Yo tenía mis manos por debajo de su camisa, arañando su espalda. Él hacía lo suyo, metiendo mano abajo de mi remera, a veces subiendo demás para rozarme los costados de los pechos.
Sus besos se trasladaban a mi cuello, mis mejillas eran recorridas por sus labios hasta llegar a mi oreja donde me hablaba suave al oído. Le respondí de la misma forma, mordiendo suavemente una de sus orejas. El clima empezaba a tomar más temperatura.
Se paró y me tomó la mano, me llevó a un rincón que estaba oscuro y me puso contra la pared. Seguimos con lo nuestro, pero con un poco más de intimidad. Yo tenía la remera levantada por la mitad de mi cuerpo y su camisa tenía solo un botón abrochado.
Mis manos rodeaban su cuello, acariciando su pelo, mientras seguíamos chapando como locos. Sentía como me mojaba cada vez más. Fede había metido su muslo entre mis piernas, y yo aprovechaba para refregarme en él. En un momento abrí mis ojos y pude ver como desde la barra había gente que miraba el espectáculo que estábamos brindando.
Lo aparté y le dije que teníamos espectadores. Me volvió a agarrar de la mano y nos fuimos para otro lado. Estaba un poco más escondido. Esta vez me puse yo sola contra la pared arrinconándome por mi cuenta.
Tiré mi cuerpo hacia atrás y comencé a mover mis caderas refregando mi concha contra su pierna. Se había terminado de ir todo a la mierda. Bajé mis manos y empecé a tocarle la pija que ya estaba completamente dura por encima del pantalón. Dejé de moverme y me aparté.
Quería sentir el calor de su verga en mi mano. Le desabroché el pantalón y saqué su pija afuera para comenzar a pajearlo. Fede fue por más y puso sus manos en mi concha, y comenzó a masturbarme. Maldije el momento que se me ocurrió salir en jean. Igual, eso no lo detuvo: desabrochó los botones y me bajó el pantalón casi hasta la mitad de mi cola. Abrí mis piernas, para favorecer lo más posible la entrada de su mano.
Cuando la metió se sorprendió de lo mojada que estaba. Lo miré y sonreí. Me pasó el dedo un par de veces y luego lo puso en mi boca. Lo chupé hasta dejarlo limpio y lubricado. Sentir el gusto de mi concha me calentó aún más. Antes de bajar a tocarme, paso sus manos por mis tetas levantando mi remera y apartando el corpiño, dejándolas al aire y empezar a masajearme los pechos.
Su otra mano fue hasta abajo. Pasó los dedos por toda la concha, desparramando todo el flujo que chorreaba de mi interior. Cuando sus dedos quedaron bien lubricados empezó a meterlos. No pude evitar largar un suspiro de placer al sentir la puntita del primero.
Yo tenía su pija agarrada pero sin moverla. Lo empecé a pajear bien rápido, mientras Fede me clavaba otro dedo en la concha y me hacía delirar. La música fuerte hacía que no se escucharan mis gritos, y yo me liberaba completamente.
Levanté mi pierna y se la crucé por sus caderas, y apoyé mi espalda contra la pared. Estaba totalmente entregada a su voluntad. Ya no me importaba nada. Perdí la noción del tiempo y del lugar donde estaba o si pasaba gente. Creo que en un momento miré por arriba de sus hombros y me pareció ver que alguien pasaba cerca, pero ya no me importaba.
Tenía dos dedos moviéndose dentro mío, y una pija en la mano. Estábamos incómodos, pero eso no impedía que Fede moviera sus dedos rápido para adelante y para atrás.
Estaba tan caliente, que quería acabar. Solté su pija y tiré mis caderas hacia adelante buscando otra vez la pierna de Fede. Hice que sacara su mano de mi concha, lo agarré de la cintura y lo di vuelta poniéndolo a él contra la pared. Me subí el pantalón y me colgué de su cuello, poniendo su pierna entre las mías.
Me empecé a mover con locura contra su muslo, lo agarraba de los pelos para tomar más envión, mientras gemía en su oído y le pedía que no parara (aunque en realidad, era yo la que hacía todo). Me empujaba cada vez más, como queriendo que su rodilla me penetrara. El momento del clímax se acercaba. Mis piernas empezaban a temblar. A él le dolía como lo estaba agarrando de los pelos pero no tenía intención de soltarlo. Y tampoco él decía nada.
Abrí mi boca pero no hice ningún sonido. Fue un aullido mudo que acompañó un orgasmo genial. Fede metió su mano en mi concha, más mojada que antes, y no lo podía creer. Ahora el que se lamió los dedos fue él. Me encendió de nuevo. Volví a sacar su pija y lo empecé a pajear con fuerza mientras le comía la boca. Me pidió que le chupara la verga. Nos fuimos al rincón, yo me arrodillé entre las paredes y y me la metí en la boca.
Me la tragaba entera, dejando restos de saliva por todo el tronco. Luego, mis manos la desparramaban pajeándolo despacito desde la base hasta la cabeza. Mi boca se llenaba de verga una vez más. En un momento de lucidez, me detuve y me paré. No me sentía cómoda peteando en medio del boliche.
Pegó su cuerpo al mío y seguimos a los besos, mientras yo le agarraba la verga para pajearlo. Pude sentir que estaba por acabar porque su pija se endureció y su cuerpo se estremeció por completo. Me besó con más fuerza, y yo empecé a detener la velocidad de mi mano, casi rozándola, recorriéndolo desde la base a la punta.
Su pija latía y empecé a sentir por mis dedos un líquido espeso y caliente que bajaba por su tronco y mi mano. Seguí pajeándolo dejando caer toda la leche al piso. Un poco me había saltado al jean. Separamos nuestras bocas, y noté la carita de felicidad que tenía él.
Pasé mi mano sucia de su acabada por su pecho desnudo y mi panza. Nos besamos y nos acomodamos la ropa. Fui al baño a arreglarme y luego busqué a mis amigas. Esa noche me mandó mensajes a cada rato para irnos juntos o encontrarnos otro día, pero no le contesté ninguno.
El viaje de vuelta en el auto de mi viejo fue un chusmerío terrible. Obvio, ni una mención a mi "desaparición" toda la noche. Los saltos en el auto y el roce con mi ropa me encendieron de nuevo. Y mucho más, cuando ya solas, les conté a mis amigas lo que había hecho con Fede en el boliche.
Cuando las chicas se durmieron, me tapé hasta el cuello y bajé mis manos a mi entrepierna. Suspiré. Metí mi mano por debajo de mi tanguita, totalmente mojada y me empecé a tocar, como lo había hecho Fede. Mordiendo la almohada, le dediqué una hermosa paja a mi machito de verano. El último orgasmo, hasta el próximo año.
Me encanta la pjia marcada en el jogging
Agus
Los primeros días de clase siempre son bastante caóticos. Volvíamos alterados de las vacaciones, el calor aceleraba las hormonas; y todo eso empeorado por ser el último año.
Era viernes, última hora, todos boludeando a pesar que la profesora estaba en el aula. Yo me sentaba atrás de todo, aunque no era de hacer lio, si de hablar con mis amigas o boludear bastante.
Entre tanto aburrimiento, esperando la hora para salir, siento a mi lado como los chicos estaban hablando en voz baja y riéndose. Cuando miro para el costado, veo que Martín se estaba marcando la pija en el jogging. Amo esos joggings que les marca bien el bulto. Pero el pibe tenía la pija bien parada y se la estaba agarrando, marcando un pedazo de pija bien ancho.
Quedé hipnotizada mirándole el bulto a mi compañero, hasta que siento que uno dice "Uhh mirá la carita de Agus, parece que le gusta, Tincho". Se rieron todos, mientras yo seguía con la vista fija en la pija de Martín. "Te gusta Agus" me decía mientras se la acariciaba por encima del pantalón, marcando el largo del tronco.
Me sonreí y miré hacia el pizarrón, como restándole importancia. Pero lo único que tenía en la cabeza era el bulto de mi compañero. Cuando terminó el día, como todos los viernes, nos fuimos a la casa de Seba a pasar la tarde. En ese entonces, Juli estaba "saliendo" con Seba. Además de nosotros 3, se sumó Martín (el del pijón) y Maxi.
Después de comer, nos pusimos a hablar al pedo un rato, hasta que Seba cambió totalmente de tema
- Hoy Agus le miró el bulto al Tincho toda la clase
- Pará! toda la clase no!- dije yo, asumiendo que el hecho era cierto. Juli se empezó a reír
- Bueno, pero queremos saber: te gustó lo que viste?- me preguntó Maxi.
- Qué no le va a gustar!!! se le iban los ojitos! - dijo Seba, seguido por una risa generalizada.
- Qué puta sos amiga! - me decía entre risas Juli. Yo estaba que me moría de la vergüenza.
De la nada, Martín se paró y se agarró la pija por encima del jogging haciendo notar más su erección.
- Toda tuya - decía Martín mientras se la acariciaba y el resto de los chicos lo alentaba.
- Parece que viviste a pajas todo el verano, estás muy calentito, no la pusiste nunca? - le dije queriéndome hacer la superada, aunque no podía sacar la vista de su verga. Ahora los aplausos fueron para mi lado.
- Al contrario, la puse pero me da más ganas de coger - Martín se sentó y yo pude mover la vista para otro lado.
- Agus - interrumpió Seba, el dueño de casa - dejate de joder, no le podías sacar los ojos a la pija de Tincho. Allá está mi habitación, vayan un rato y saquensé las ganas no jodan!
Los cuatro empezaron a aplaudir para que vayamos a la habitación. Hasta mi amiga me decía que vaya. Sin decir nada, me paré y me fui sola para la habitación de Seba. Martín tardó un rato en reaccionar, hasta que se paró y se vino corriendo atrás mío.
Cuando entramos, él cerró la puerta. Yo me senté en la cama. Martín caminó despacio hacia donde yo estaba, marcándose la pija en el jogging. Me mordí los labios, imaginando el pedazo de carne que me iba a comer. "Te gusta mi pija", me decía mientras se acercaba. "Es muy ancha" le respondí tocándosela por encima del pantalón.
De un golpe le saqué jogging y boxer. Se los bajé hasta las rodillas, dejando la pija moviéndose delante de mi cara. De largo era más chica de lo que pensaba, pero de ancho era un monstruo. Cuando la agarré con la mano, no llegaba a tocarme la punta de los dedos. Le tocaba los huevos, mientras lo pajeaba. Luego, empecé con la lengua. Desde abajo, hasta arriba.
Abrí grande mi boca y me metí la cabeza de su pija. Jugué un rato con la lengua, acostumbrando a mis labios a semejante pijón. Tenía que estirar mucho la boca para permitirle entrar. La salivé lo más que pude, aunque sabía que no iba a ser capaz de meterla toda en la boca.
Por más que intentaba, no me entraba más de la mitad. Aunque Martín parecía disfrutar el pete, yo quería más. Hice un último intento, pero al meterla más adentro casi vomito todo. "Pará boluda, me vas a vomitar la chota", me dijo cuando me la saqué de golpe y me tiré en la cama a toser.
Tincho se tiró encima mío y empezó a desvestirme. Me manoseó toda, hasta dejarme totalmente desnuda. Apoyó su pija en mi concha, que ya estaba mojadísima, y la rozaba mientras me besaba. Yo gemía desesperada.
Empezó a bajar con su boca, besándome el cuello, las tetas, la panza. Cuando llegó a mi conchita, empezó a pasarle la lengua. Primero eran pequeños roces, luego le daba con más ganas. A pesar que le ponía onda, realmente me la chupaba mal. Me la estaba re secando.
Así que lo agarré y le dije "COGEME". El pibe apuntó la pija en mi concha que ya no estaba mojada como antes, así que costó al principio meter ese pijón bien grueso.
Una vez que pasó la mitad de la pija me relajé y empecé a disfrutar. Martín se movía, cada vez más rápido. "Aaayyy me vas a matar... me vas a matar!!". Sentía que me iba a partir al medio con semejante verga.
Me dio vuelta y me puso en 4. Yo levanté la cola y sentí como me apoyaba la pija entre los cachetes. Empecé a moverme, pajeandolo entre mis nalgas. Me agarró de la cintura para que me detuviera y agarrando su pija con una mano empezó a buscar mi conchita, que ya estaba bien abierta. Sin problemas se enterró hasta el fondo.
Me pegó un garche tan violento y salvaje que parecía íbamos a romper la cama. Yo no podía dejar de gemir y gritarle que me diera más fuerte. De golpe se detuvo. No le daban más las piernas. Lo acosté en la cama y me subí arriba. Agarré la pija y me la enterré hasta el fondo. "AAahhhh como me gusta tu pija!!" gritaba mientras cabalgaba cada vez con más ganas.
Empecé a mover mis caderas, haciendo salir la verga y volviéndola a meter. Tincho me pidió que no lo hiciera, porque estaba por acabar. No me importaba. Me moví un par de veces más y me di cuenta que no daba más por las caritas que ponía. Se notaba que quería hacer fuerza para no acabar, pero no aguantó. Me seguí moviendo un rato, aún sentía la pija dura, pero él me sacó a un costado cuando ya la tenía flácida.
Yo seguía re caliente. Le agarré la pija semiparada y se la empecé a chupar, limpiando toda la leche que aun le chorreaba por la puntita. Me cambié y salí de la habitación, dejándolo a Martín tirado en la cama. Cuando pasé por al lado de otra de las habitaciones, sentí los ruidos inconfundibles del sexo. Seguramente, Seba se la estaba cogiendo a mi amiga.
Llegué al comedor, donde estaba Maxi. "Se escuchaban tus gritos desde acá" me dijo riendose. Estuvimos un rato charlando; si me gustó, si me dolió, la cuestión es que yo me había quedado muy caliente. Encima, ahora se escuchaba a mi amiga desde la otra habitación.
No hablamos mucho más. Terminé arrodillada delante de la silla de Maxi que ya tenía la pija afuera. Le pegué una chupada de pija desesperada, como si mi vida dependiera de eso. Estaba re alzada. Me sacó la remera y me empezó a manosear las tetas mientras yo seguía peteando.
Cuando nos estábamos levantando para ir a la habitación de Seba, apareció Tincho que no podía creer lo que estaba pasando. Cuando lo cruzamos, lo agarré del brazo para que nos acompañe. Cuando entramos, me tiraron en la cama y me dejaron desnuda nuevamente.
Maxi abrió mis piernas y fue derecho a chuparme la concha. Martín se paró al costado de la cama con su pija en mi cara. Maxi si que la chupaba bien. Con una mano le agarré la cabeza apretándolo contra mi concha, y con la otra agarré la pija de Martín para petear un rato.
Tincho me la clavaba sin asco ni piedad hasta la garganta. Su pijón ahogaba los gritos y gemidos por la chupada de Maxi. Con la calentura acumulada que tenía, no tardé en acabar. Mi cuerpo tembló, me saqué la pija de la boca para liberar un grito de placer. Maxi se detuvo y pasó sus dedos por mi concha. "Mirá como acaba esta putita" le decía a su amigo, mostrándole mis jugos desparramados en sus dedos.
Martín lo corrió, se acomodó entre mis piernas y apuntando la pija me la clavó. "Aaay siiii" grité cuando la sentí al fondo. Se movía cada vez más rápido. Me di vuelta y me puse en 4. Martín me taladraba la concha, mientras Maxi me daba pija en la boca.
"Que bien que la chupas", me decía Maxi mientras mi nariz chocaba contra su abdomen de tan adentro que la tenía. "Mirá esto", le dice Martín saliendo de adentro mio. Me agarró la cabeza y me puso la pija en la boca. Empezó a empujar para que me la metiera más adentro. Quería mostrarle al amigo hasta donde daba mi garganta.
Cuando la sentí bien al fondo, me detuve, le saqué la mano de mi cabeza, tomé aire y traté de meterla más. Sentía las lágrimas caer de mis ojos, pero aguanté un rato. Hasta que no pude más y lo empujé para afuera.
Empecé a toser y llorar. "Terribleee!", gritaron los dos al mismo tiempo. Maxi me puso boca arriba y empezó a cogerme con bronca "por puta", me gritaba con cada embestida. Martín volvió a meterme la pija en la boca. Me metió la puntita, y él se pajeaba entre mis labios. "Acabá acá", le dije tocandome las tetas cuando noté que era inevitable el lechazo.
Se arrodilló al lado mío y apuntó la verga sobre mis tetas. Casi al instante empezó a tirar chorros de leche que me bañaron toda. Volvió a ponerme la pija en la boca, y se la dejé limpia y dormida.
Maxi tampoco podía aguantar más. Se paró a la altura de mi cabeza y se empezó a pajear en mi cara. "Tragate la leche", me pidió mientras aceleraba el ritmo de la paja. Acepté con la condición que después me la chupara y me hiciera acabar de nuevo.
Apoyó la pija en mi boca. Metí la puntita y mientras él se pajeaba yo le rozaba con la lengua la cabeza. Cuando sentí el primer chorro de leche en la boca, cerré mis labios dejando que se chorreara por toda mi cara. Abría un poco la boca, tragaba un poco y volvía a dejar salir todo. Me quedó la cara toda chorreada.
Luego, Maxi se fue a cumplir su promesa y empezó a chuparmela. Le pedí que me metiera un dedo en la concha. Cuando sentí la puntita adentro, se me estremeció todo el cuerpo y al rato ya estaba convulsionando con una acabada fenomenal. "Como acaba esta hija de puta!!! se me paró de nuevo" decía Maxi mientras se pajeaba.
Lo agarré, lo tiré en la cama y me senté arriba. Cuando me empecé a mover, me pidió que vaya más despacio. Martín se empezó a reir. "Olvidate, es una bomba como se mueve, acabás al toque". Tincho no perdió el tiempo y me puso la pija en la boca, mientras yo seguía cabalgando.
Maxi empezó a gritar que ya acababa. Yo estaba a punto de acabar también. "Ahora nooo" le grité con bronca, pero no aguantó. Me levanté y lo moví a un costado. Agarré a Martín y lo puse en la cama. "Pará loca!" me gritaban riéndose. Agarré su pija y me senté arriba. Otra vez empecé a moverme levantando mis caderas y bajando con fuerza. "Ahiiiiiiii" grité desencajada cuando acabé.
El pobre pibe tampoco aguantó mucho más. Me seguí moviendo hasta que me frenó y me tiró en la cama. Sin darnos cuenta, habíamos estado casi toda la tarde garchando. Después de calmarnos y limpiarnos, cada uno volvió a su casa.
La reunión
El verano se había terminado. Las clases comenzaron y cada uno volvió a su rutina. En lo personal, yo volví a entrenar luego de mi lesión, por lo que estaba contenta de retomar hockey.
Era habitual, con algunos de mis compañeros de curso, juntarnos de vez en cuando los fines de semana a mirar pelis, comer, hablar, pasar el rato entre nosotros. Una noche tranqui, sin boliche ni salidas locas.
Luego de las primeras semanas de clase, organizamos para juntarnos con el grupo que más nos llevabábamos. Ese día éramos 4 chicos (Maxi, Martín, Seba y Nahuel) y 3 chicas (Agus, Vale y yo). Sobre el final de las vacaciones e inicio de clases, yo había empezado una relación de "amigarche" con Seba. Nada serio, pero como que eramos chongos "exclusivos". La realidad era que ya habíamos al menos chapado todas con todos.
La reunión fue por sus causes normales, con un poco más de alcohol de lo aconsejado. Uno de los chicos había estado por Europa en las vacaciones y trajo una botella de whisky, que la fuimos terminando durante la noche. No estábamos acostumbradas a tomar whisky, así que pegó bastante.
Con el correr de las horas, las charlas aumentaron de tono. Maxi contó que en España conoció una chica y que le había hecho un pete espectacular. Seba acotó: "mejor que Vale?". Nosotras nos quedamos sorprendidas de lo que había dicho, y más aun cuando respondió: "Para nada, los petes de Vale son los mejores".
Mientras los otros aplaudían y gritaban, Agustina saltó ofendida por el comentario y volvió a preguntar. Él respondió lo mismo, y el resto lo aseguraba. Herida un poco en mi orgullo, también pregunté. "Muy lindo, pero el de ella fue mejor" coincidieron. Seba entonces habló: "Si tanto les molesta, hagan algo para que cambiemos de opinión". Asumimos el reto. Nos miramos las dos, nos paramos y fuimos ella para donde estaba Maxi, yo con mi chongo, Seba.
Nos arrodillamos frente a ellos, que se acomodaron en las silas. Aun tenían las pijas dormidas. Yo le pasaba las manos por las piernas y sus huevos, Agus ya había manoteado la pija de Maxi que empezaba a agrandarse, como sus ojos de ante la sorpresa de lo regaladas que estábamos.
Agus se metió la pija en la boca y empezó a trabajar mientras yo los miraba, mientras tocaba a mi macho. La verga de Seba, por mis manos y la situación al lado, ya estaba al palo. Me la metí en la boca y empecé a chuparla despacito, jugando con mi lengua en su cabecita, mientras lo miraba fijo, para ver su reacción. La pija seguía creciendo.
Agustina seguía con lo que mejor sabía: se metió la pija en la boca y sin problemas empezó a bajar hasta el fondo. Subía casi hasta sacarla entera, y se la comía de golpe hasta que su nariz golpeaba la panza. Maxi estaba tirado en la silla disfrutando. Los otros chicos alentaban a mi amiga a que siguiera peteando.
Agus no perdió el tiempo, y ya semidesnuda, se acomodó para cabalgarlo. Yo seguía jugando con la mitad de la pija de Seba en mi boca. Como no la tenía muy grande, con él podía hacer lo que hacía mi amiga, y me la empecé a tragar de una hasta el fondo.
Abrí mis ojos y lo que vi no podía ser tan excitante: Agustina cabalgando con lujuria a Maxi en la silla, y Vale sentada en otra silla desnuda con las piernas abiertas chupandole la pija a Nahuel y a Martín. Como la chupaba esa piba era digno de una porno. Impresionante de mirarlo nomás!
A mi me sorprendió lo que había crecido la pija de Martincito... la tenía muy ancha, y eso para mí siempre fue una debilidad.
Me tiré en el piso boca arriba, Seba me agarró las manos arriba de mi cabeza y comenzó a penetrarme. Se arrodilló y agarrándome de mis piernas me empujaba hacia su cuerpo con fuerza. Le pedí que me cogiera bien fuerte. De repente se frenó. No supe porqué, hasta que vi como Agustina se estaba por sentar arriba mío, ofreciéndome su concha abierta y mojada.
El pobre Maxi estaba rendido en la silla, con la verga chorreando leche. No había aguantado mucho la cabalgata de mi amiga. Seba tampoco tardó en acabar. Cuando lo hizo, Agustina lo tiró al piso y empezó a limpiarle la pija. Un poco me sorprendió, porque era como mi chongo fijo... pero viendo el quilombo que tenía al rededor... no me importó mucho. Me senté y vi a Vale sentada arriba de Nahuel (dándole la espalda), mientras le seguía chupando la pija a Martín. Ni lo dudé.
Me acerqué a ellos y lo agarré a Martincito. Quería cabalgar esa pijota. Lo tiré al piso y me senté arriba. Levantaba mi cola bien rápido sintiendo todo el ancho de esa hermosa pija entrar y salir de mi agujerito húmedo. "Como te creció la verga, hijo de puta" le susurré en el oído levantandole un poco el ego. "Ay como se siente", le seguí diciendo... demasiado para su lujuria adolescente... otro out.
Maxi ya estaba para empezar de nuevo. No era extraño, con el espectáculo que tenía alrededor: Agustina cabalgando a Seba, Vale sentada arriba de Nahuel y yo en el piso arriba de Martín, que me pedía salir porque se le había dormido la pija. Maxi se acercó a mi, ofreciéndome la verga ya al palo en mi boca.
Agustina seguía arriba de Seba. Nahuel estaba acabando sobre el cuerpo de Vale, que no tuvo descanso. Maxi sacó su pija de mi boca y, ya empalmadísimo por mi chupada, la buscó y la puso en 4 en el piso y empezó a cogerla.
Nahuel, que había acabado recién sobre Vale, todavía seguía con su pija bien dura, sentado mirando todo. Hasta que se detuvo en el culo de Agustina, que apuntaba directo hacia él. Se levantó y empezó a tocarla y abrirlo, mientras ella seguía cogiendo con Seba.
Cuando sintió a Nahuel jugar ahí atrás, Agus frenó. Le pidió que se lo lubricara bien y lo hiciera despacio. No podía creer lo que estaba viendo: mi amiga pidiendo que la garcharan por la concha y el culo. Nahuel de a poco empezó a clavarle la pija por la cola, acción que hizo estallar en un gemido de placer violento a Agus.
Igual no fue mucho tiempo, no pudieron mantenerse y Nahuel terminó saliendo de su culo. Seba sacó su pija y dejó el lugar a Nahuel, que la siguió penetrando en 4 a Agus. Cuando se la puso por la concha, Agus le pidió que lo hiciera por la cola.
Martín volvió a la carga conmigo. Me puso en 4 mientras decía "quiero disfrutar un poco de esta vista", me dijo mientras clavaba su pija bien gorda en mi concha. Después de cogerme un rato así, la sacó se pajeó agarrando la pija entre mis nalgas y descargó un lechazo terrible que me ensució toda la espalda.
Vale estaba pajeándo a Maxi para hacerlo acabar. Apenas empezó a salir un poco de leche, Vale se metió lo más que pudo la pija en la boca haciendo que descargara todo en su garganta. Ni una gota cayó al piso. Había tragado todo.
No lo podía creer. Vale era la típica nena mimada única hija mujer. Cuando se sacó la pija de la boca, me vio la cara de sorpresa que tenía luego de ver su performance. Se acercó y me dio un beso de lengua maravilloso, con mucho gusto a leche. La calentura que teníamos era terrible.
Agustina seguía siendo penetrada por Nahuel, ahora por la conchita. Mientras Seba se pajeaba con media pija adentro de la boca de ella. Fuimos con Vale para donde estaban ellos. Lo corrí a Seba, acosté a Vale en frente de Agus, agarré su cabeza y después de comerle la boca de un beso por un rato, puse su boca en la conchita de Vale.
Yo empecé a chupársela a Seba, hasta que lo hice acabar en mis tetas. Nahuel sacó su pija y casi al instante largó todo en la espalda de Agus.
No se cuanto tiempo duró todo, pero fue muy intenso. Terminamos agotados, tirados en el piso. Tomamos agua, descansamos un rato y arrancamos de nuevo. Pero como antes había criticado nuestra forma de chupar pija, esta vuelta nos tocaba elegir quién nos chupaba mejor la concha. Esa noche cogimos hasta que los pibes dijeron "basta". No tenían más leche, o no se les paraba más. Los habíamos dejado secos.
En la semana tratamos de esquivar un poco el tema. No nos volvimos a reunir por unos meses. Pero después de un tiempo, volvimos a las reuniones, pero esta vez con más frecuencia que antes y sabiendo como iba a terminar la noche.




